AULA 31

Bitácora de LITERATURA y LENGUA (… y otras "hierbas" educativas y sociales )

PARA EMPEZAR EL CURSO: ¡¡POESÍA!! 17 septiembre, 2012

Filed under: V A R I O S — ciervalengua @ 4:25 pm

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Empieza un nuevo curso académico, el 2012-2013, y os propongo nuevas formas de dar las clases, de acercarse a la cultura y de formar vuestra personalidad en unos tiempos en los que la creatividad, el pensamiento crítico, la inteligencia emocional, etc. empujan para ocupar importantes y nuevos espacios en los gastados currículos y programaciones didácticas de los centros educativos. Empiezo con un poema sobre la maldición de la poesía, sobre sus heridas y afanes, sobre sus cargas y anhelos, sobre su enseñanza en los Institutos y otro texto sobre la necesidad de leerla…

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LA  POESÍA

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¿Poesía…?     ¿Qué es poesía, maestro?

…Es mejor que no conozcan

para qué sirve la poesía. 

No les expliques nada.

 calla,

silencio,

que no sepan que su belleza no es neutral,

que no sepan que convierte en insoportables los

días de la crueldad y por eso nos vuelve 

solitarios.        

Si te preguntan en clase,

contesta con evasivas, tartamudea,

y luego sonríe, sonríeles.

Cuando tengan el alma en

carne viva,

golpeados por las mieles 

del amor

o las heridas incesantes del tiempo,

recordarán que tú pudiste advertirles

y no lo hiciste,

y entonces, definitivamente,

te darán las gracias para siempre.


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Pero aunque no les expliques QUÉ es la poesía, hay que insistir en que la LEAN porque es necesaria (leed el siguiente texto de Marco Antonio de la Parra ):

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Atrévase.                                                                                                                             

Rompa de verdad su rutina, deje que entre en su vida amaestrada por los hábitos y la existencia programada el aliento quemante del poema. Hágalo ahora, antes de cambiar de opinión, como un impulso, antes que cambie el viento, siguiendo el siempre incierto camino de los astros, solo, en compañía, en silencio, en voz alta.

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Lea poesía.

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Pregúntese cuánto tiempo atrás que no lo hacía, cuánto tiempo sin comprender para qué de verdad sirven las palabras, cuando pesa un silencio, las catástrofes que dependen de una pausa.

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Lea poesía.

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Siga el gesto melódico del hablante, y cierre los ojos cada vez que termina un verso, salte al vacío, acepte las leyes irrevocables de la síntesis, comprenda mejor a sus hijos, su pareja, la crisis cíclica del partido de gobierno, la molesta recurrencia de la enfermedad y la muerte.

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Lea poesía.

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Haga un acto de coraje, algo que tenga un triple sentido, algo por lo cual le pregunten en el trabajo, qué te pasa, qué haces, qué te ha sucedido.
Abra el libro en el metro, escóndase en el verso libre de la desganada mirada del vecino, recupere la mente atrapada en obligaciones sin destino. Haga lo que nadie más puede hacer por usted, hágalo porque tal vez sea lo único en que no lo pueden reemplazar, hágalo antes que los demás, ingrese en una muy selecta minoría, declárese exquisito sin complejos y afronte las consecuencias de tal iluminación imprevista, súbita, completa.

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Lea poesía.

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Notará sus devastadores efectos. La esponjosidad del pensamiento, la tendencia del desvarío, el profundo paladeo del lenguaje, los ojos que miran de otro modo lo que antes parecía opaco, mudo, indiferente.

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Lea poesía.

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Haga desaparecer lo obvio de su vida. Así, sin cuotas ni turismo ni aventuras sentimentales, sin riesgos de contagio ni gastos innecesarios, en público o en privado, convierta la existencia en un huerto de destellos, amanezca.

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Lea poesía.

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No la escriba, léala. Abandone la maldita manía de expresarse. Escuche. Sea lector que es más difícil, mucho más difícil, más escaso, especie en extinción, ser imaginario, elfo, enano, dinosaurio. Escuche cómo dicen esos poseídos que va el tiempo, el espíritu del siglo, la belleza de una esquina.
Búsquela en todas partes, exíjala. Hojee en los estantes, deje que la respiración lo capture y lo proteja del falso idioma de los avisos comerciales, las órdenes del jefe, el fraseo averiado de la sobremesa, los lugares comunes del tedio. Puro ritmo, pura melodía, profundo contenido, casualidad atrapada en el instante. Los poemas son como mariposas, epifanías, instantáneas del alma, conjuro de lo superior de una mirada hecha verbo, sonido, imagen, cristalización que crea adictos, que dejan marcado para siempre, que exigen generosidad, poros abiertos, riesgo de vida o muerte en su lectura.

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Lea poesía.

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No se quede afuera de un universo explosivo, de un territorio donde no existen los límites, de una catarata de visiones, de una constante profecía. Los poetas ven de veras los signos del fututo, asistieron ayer al mañana, no tienen idea de lo que hacen, creen que escriben.

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Lea poesía.

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Lea a Claudio Rodríguez, que deja perplejo; a Joseph Brodsky, que rompe el corazón tejiendo un sutil velo de melancolía; a Paul Celan, que es sencillamente un genio; a Drummond de Andrade, que provoca sonrisas; a Gonzalo Rojas, siempre en cuerpo creciente; a John Ashberry, titán del verso libre en habla inglesa; a Eliot, a Neruda, a un Pound grandilocuente pero inolvidable; a Huidobro o a Darío, que intentaron inventarlo todo de nuevo; a Machado sin música, a Espronceda, Góngora, Quevedo. ¿Por qué no Pessoa? O Cavafis o ese poeta polaco tan bueno que olvidé su nombre tras leerlo en un café, a través de una traducción mecanografiada en que se podía igual sentir el dolor de su nación, o Auden, o la Dickinson o William Carlos Williams, que me dejó mirando lo más simple y cotidiano como si fuera la revelación de un dios menor de paso por mi barrio. O Paz o Lorca o Withman. O un haiku sin autor, entregado al manoseo de la memoria, de boca en boca, de mente en mente, de corazón en corazón.
Lea los modernos con solemnidad; los antiguos, con humor; los consagrados, muerto de la risa; los debutantes, vestido de oscuro. Léalos a todos, sin programa y en desorden, siga los impulsos del corazón, siempre fiel, siempre rotundo. Lea ahora, justo ahora que no está enamorado, que la vida dio sus curvas, que ya no hay remedio. Lea sin pasión para activarse, lea con pasión para encontrar la calma, el justo medio. Ordene su vida, compruebe lo sabio que es el mundo de tener a los poetas por ahí circulando, agréguese usted también a la lista. Sea original, único, perfecto.

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Lea poesía.

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Atrévase, ahora, sin retroceder ni un paso ni una línea ni una sílaba.
Lea.
Poesía.
Que no muerde.

 

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